Chiringuitos Financieros ¡Cuidado con las carteras!

Un chiringuito playero es un lugar perfecto para gastar nuestro dinero, mientras disfrutamos del sol y del mar. Pero un chiringuito financiero no es el lugar más adecuado para dejar ni uno solo de nuestros euros, salvo que tarde o temprano queramos terminar por arrepentirnos. Conozcamos que son los chiringuitos financieros y por qué deberíamos alejarnos de ellos todo lo posible, así como una breve historia de los chiringuitos y los “pelotazos” más famosos de España.

Que es un chiringuito financiero

Por  definición, un chiringuito financiero es un establecimiento de ahorro, bancario o similar que carece de cualquier tipo de autorización o de los registros necesarios para poder funcionar legalmente. También se incluyen en esta categoría aquellos establecimientos cuyo funcionamiento queda fuera de cualquier control de los órganos de control legalmente establecidos como el banco de España (para bancos, cajas y similares) o de la CNMV (para agencias de inversión, de bolsa y otras entidades similares).

Esa  falta de inscripción, registro y control presente en los chiringuitos financieros provoca que sus clientes carezcan de cualquier tipo de seguridad jurídica y legal a la hora de realizar operaciones con las mismas, y que en caso de haber problemas, tengan muchas posibilidades de ver como su dinero se esfuma sin tener más alternativa que recurrir a los tribunales, y contando con pocas posibilidades de recuperar su dinero.

Como se reconoce un chiringuito

Hay un refrán que afirma que “nadie da duros a 4 pesetas”. O actualizado “diríamos que nadie vende euros a 90 céntimos”. Pues para los chiringuitos esto es algo  que no solo no tienen en cuenta sino que, aun peor, lo convierten en su carta de presentación. Un chiringuito financiero se reconoce fácilmente porque ofrece unos tipos de interés mucho más elevados de los que ofrecería cualquier entidad seria y debidamente reconocida. En los tiempos de bonanza económica existían entidades que ofrecían intereses que rondaban el 10%, cuando la mayor parte de entidades serias apenas llegaban al 5%, y con numerosas limitaciones. Rentabilidades que además no tienen ningún empacho en asegurar o garantizar, sin importarles que tal hecho no pueda ser cierto. Por tanto los chiringuitos se “desenmascaran” por si mismos.

Otro elemento fundamental que nos permite saber si una entidad es un chiringuito o no es la información de registro correspondiente. Si esta información no aparece por ninguna parte en la documentación o en la página web de la empresa, deberíamos empezar a sospechar. Pero para tener aún más seguridad podemos consultar directamente en las bases de datos del Banco de España o de la CNMV, donde no solo podemos confirmar si la entidad realmente está registrada en estos organismos, o bien si la entidad que tengamos presente ha sido ya identificada como  un chiringuito financiero al uso.

Algunos de los chiringuitos más conocidos en España

Entre los escándalos provocados por estos chiringuitos y otras empresas de dudosa reputación, hay algunos que destacan por encima de todos.

Dentro de las operaciones  con acciones, bolsa y similares, se destapo allá por el año 1998 el llamado caso AVA, en el que esta agencia de valores dejo a una gran cantidad de clientes sin sus ahorros después de realizar diversas operaciones de dudosa legalidad en algunos paraísos fiscales. Unas prácticas que se complementaban con la promesa de unas grandes rentabilidades a sus clientes, basados en esos niveles elevados de interés obtenidos por los bonos. Y aunque es cierto que AVA si estaba registrada por la CNMV, las operaciones realizadas por la entidad no se ajustaban precisamente a esa operativa, hasta el punto de que la Comisión abrió numerosos expedientes a la entidad, aunque como siempre, demasiado tarde como para que los clientes no sufrieran las consecuencias del caso.

Otro caso relacionado también con la CNMV y las agencias de valores es el caso Gescartera. En este caso el engaño se producía mediante la promesa de elevados intereses en las inversiones realizadas por la empresa, que ofrecía a sus inversores tipos que rondaban el 15% de lo invertido. Los importes depositados por los ahorradores no iban a ningún tipo de inversión sino que directamente se ingresaban en sociedades instrumentales a través de las que se lucraban los directivos de la entidad, según apunta la sentencia del caso. Así las cosas, pese a que la entidad estaba registrada en la CNMV, la misma había lanzado numerosas advertencias ante la imposibilidad de mantener el control real sobre los activos o la situación patrimonial de la entidad, ya que esta no cumplía con sus obligaciones como entidad certificada y registrada, haciendo imposible su control. De aquí que la CNMV también se viera gravemente afectada por este caso.

Finalmente, y en este caso vinculado al mundo del ahorro, nos encontramos con los casos de Forum y Afinsa. Tanto Forum como Afinsa eran dos sociedades de lo que entonces se denominaba inversión en bienes tangibles, en este caso sellos. Amparados en la supuesta revalorización de los sellos que la entidad adquiría con los fondos de sus clientes (algo que carece de sentido ya que cuanto más frecuente es un sello menos dinero cuesta) estas entidades ofrecían rentabilidades que rondaban el 10% en mercados en los que la deuda pública, por poner un ejemplo, no iba mucho más allá de un 3 o 4%.  Para pagar los intereses de los primeros inversores se empleaban los fondos que ingresaban los últimos inversores en llegar, siguiendo un esquema similar al esquema de las estafas piramidales o Ponzi.

Cuando las entidades fueron incapaces de seguir manteniendo la situación y tras la intervención de las autoridades, se descubrió la realidad de estas empresas, provocando fuertes pérdidas a los clientes que aun hoy tratar de recuperar lo que invirtieron, y dejando de nuevo en mal lugar a las entidades reguladoras del país, que permitían nuevamente que explotase un caso de esta magnitud sin hacer nada por evitarlo.

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