Depósitos a plazo vs deuda pública: parecidos pero muy diferentes

A la hora de invertir nuestros ahorros en productos seguros y, en lo posible, rentables, es frecuente que nos planteemos diversas opciones. Entre esas opciones se encuentras los depósitos a plazo y los diferentes instrumentos de deuda pública emitida por el Estado. Y aunque son productos prácticamente idénticos también es cierto que existen algunas diferencias entre ambos que conviene conocer.

La deuda pública: lo básico

Quienes invertimos en depósitos ya conocemos en que consiste el producto: una inversión segura y sin riesgo en la que, pasado un cierto tiempo recibimos de vuelta el dinero que hemos invertido acompañado de los intereses que se nos indicaron en el momento de constitución de ese depósito.

Si buscamos cualquier definición de los instrumentos de deuda pública, puede que nos sorprenda pero la definición prácticamente coincide con la de cualquier depósito bancario. Y es que los diferentes instrumentos de deuda pública no son más que propuestas al mercado por las que el Estado obtiene los ingresos necesarios para seguir funcionando pagando a cambio un interés determinado que se paga a vencimiento o durante la vida de ese elemento de deuda pública, según su duración. Así que la similitud de un depósito con una emisión de deuda es muy elevada. Pero también existen diferencias.

Diferencias entre deuda pública y depósitos

La primera diferencia, fundamental, radica en el emisor. La deuda pública se emite por parte de los organismos oficiales tales como el estado, comunidades autónomas y similares mientras que los depósitos bancarios son cosa de bancos y cajas.

La segunda diferencia la planteamos en el punto anterior. La deuda pública se “emite” por parte del organismo correspondiente, teniendo los ahorradores las posibilidades de suscribir parte de esa emisión, mientras que en los depósitos se celebra un contrato entre las partes (cliente y banco o caja). Es una cuestión meramente formal pero que también marca diferencia.

Y siguiendo con las diferencias, quizá la mayor de todas es que tenemos para recuperar nuestra inversión antes de vencimiento es necesario vender la deuda pública comprada en el mercado secundario. Es decir, si yo tengo una cierta cantidad invertida en deuda, para recuperar esa inversión no puedo cancelar esa deuda sino que debo vender los títulos en ese mercado secundario. Y aunque son mercados muy líquidos puede producirse alguna perdida (reducida) en esa venta, especialmente si se han producido variaciones fuertes de tipos de interés desde su compra.

Semejanzas entre deuda y depósitos

Tanto depósitos como los instrumentos de deuda pública tienen diversos vencimientos: desde plazos cortos de 3 o 6 meses hasta plazos más largos de 3 a 5 años por ejemplo. Sin embargo existen productos con vencimiento de hasta 28 años, en lo que a deuda se refiere. Por tanto el inversor puede elegir los plazos más adecuados según sus necesidades, igual que ocurre  en los depósitos.

Los intereses de la deuda son fijos y se establecen previamente a la compra, en el momento de la emisión. Así que igual que ocurre con los depósitos podemos saber cuánto vamos a cobrar. Los pagos de intereses suelen hacerse de forma trimestral, mensual, anual, semestral o cualquier otra en función de plazos y similares.

El proceso de contratación viene siendo similar al de un depósito. Podemos hacerlo directamente a través de nuestra entidad bancaria o de  forma personal en la web del Tesoro Público. El proceso de compra es muy sencillo y cualquier puede hacerlo sin necesidad de acreditaciones especiales.

Los dos productos tienen un nivel de seguridad similar, que en ambos casos es muy elevada, aunque es cierto que ese nivel de seguridad del Estado es mayor que el de las diferentes entidades bancarias, máxime existiendo ciertas entidades con debilidades, aunque son casos muy concreto.

¿Cuál es la mejor opción?

Dadas las grandes similitudes entre ambos productos realmente no tiene sentido pronunciarse de forma directa por uno u otro. Cada inversor, en función de sus preferencias y de sus necesidades concretas, considerando los tipos de interés vigentes en cada momento y las demás circunstancias del mercado, es quien debe hacer la elección que más le convenga. Como decimos son productos tan similares que incluso el gobierno trato de eliminar parte de esta competencia mediante aquella limitación en los depósitos que ya hemos tratado. Por tanto son inversiones igual de razones y favorables.

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