¿Realmente existen las cuentas sin comisiones?

Una de las formas que tiene la banca de lograr ingresos son las comisiones. Las tienen de todos los colores: por servicio, por mantenimiento, por domiciliación de recibos, por apunte, por emisión de tarjeta, por descubierto, por darnos los buenos días y por muchas cosas más. Frente a esta tendencia de cobrar por todo surge otra tendencia contrapuesta representada por las cuentas sin comisiones. Como a la hora de hablar de temas de banca siempre debemos ir más lejos de la publicidad, conozcamos si realmente estas cuentas tienen 0 comisiones.

Que es una cuenta sin comisiones

Una cuenta sin comisiones es una cuenta corriente en la que no vamos a pagar, en teoría, comisiones de servicio tales como comisiones de mantenimiento, administración y similares. Muchas de esas comisiones tampoco se cobran porque, en ocasiones, estas cuentas no son cuentas corrientes al uso y carecen de muchos de los servicios que incluye una cuenta normal, como la posibilidad de domiciliar recibos, por ejemplo, así que no tiene sentido que nos cobren por algo que no podemos hacer.

Entre estas cuentas sin comisiones se encuentran diversas modalidades de cuenta que exigen de requisitos previos para poder disfrutar de sus servicios. Entre ellas se encuentran:

  • Cuentas jóvenes, junior o infantiles: son cuentas lanzadas para titulares dentro de un cierto rango de edad y que por tanto no están accesibles a cualquier usuario. Además suelen tener limitaciones operativas
  • Cuentas nomina: en este caso es necesario tener domiciliada la nómina, pensión o similar en la entidad para poder aprovecharse de esa política de 0 comisiones.
  • Cuentas con productos vinculados: cuentas que, en principio no tienen comisiones, pero que nos obligan a contratar otro tipo de productos a través de los que el banco obtiene rendimiento, y también nos cobra lo que nos “regala” a través de la cuenta.
  • Cuentas con permanencia: algunas cuentas obligan al cliente a pasar un cierto tiempo con el banco. Periodo que en algunos casos puede llegar a cuatro cinco años.

Las limitaciones en el “todo gratis”

Por si no fuera poco las obligaciones de ciertas cuentas, también existen ciertas limitaciones dentro de esa política de gratuidad.

Así por ejemplo, es frecuente que las cuotas de emisión de tarjetas sea gratuita, pero no la renovación en los años siguientes. O que esa ventaja sea solo para la primera tarjeta, cobrando las segunda y sucesivas a precio de caviar iraní. O bien que la posibilidad de no pagar mantenimiento se vincule a un determinado volumen de efectivo en el saldo de la cuenta o a los pagos que hacemos con tarjeta. O por ejemplo no cobran mantenimiento siempre que domiciliemos unos cuantos recibos, por los que si nos cobran… la inventiva no tiene límites.

Adicionalmente es frecuente que en las ofertas de estas entidades conste la frase “ventaja no contractual”. Aunque suene raro esto se traduce como que el banco puede disponer de la forma en que desee como se realizan esas bonificaciones y, al mismo tiempo, dejar de ofrecer esas ventajas en el momento en que desee sin que se le pueda reclamar nada. No obstante tal aspecto puede considerarse abusivo por lo que el consumidor podría, por ejemplo, incumplir compromisos tales como el saldo mínimo o la permanencia, si la compensación que obtenía del banco ya no existe.

Comisiones e intereses. Elementos enfrentados

Cojamos una balanza romana similar a la que introduce este artículo. En un platillo ponemos las comisiones que no nos cobran y en el otro los interés que nos ofrecen por nuestro dinero. Cuantas menos comisiones nos cobre, menor va a ser el interés que nos van a ofrecer por nuestro dinero. Y cuanto mayor sea el interés que nos ofrezcan seguramente más nos toque pagar en comisiones y similares. Como vemos la relación es directa, ya que lo que nos ofrecen por un brazo nos lo quitan por otro.

Pero las entidades pueden rizar el rizo, rompiendo la balanza y ofreciéndonos unos intereses reducidos con unas comisiones más que elevadas. Esto es lo que suele ocurrir en las cuentas de ahorro tradicionales, que deben evitarse.

Por eso, a la hora de plantearnos realmente si merece la pena una cuenta de este tipo, nos conviene mirar a los dos lados de la balanza antes de tomar una decisión. A veces las comisiones que nos restan de un lado podíamos obtenerlas en mejores intereses y a la inversa. En cualquier caso no es aconsejable usar estas cuentas para otra cosa que no sea la operativa del día a día, ya que para el ahorro disponemos de mejores opciones.

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