La falsa limitación de los intereses de cuentas y depositos

Es algo que casi siempre suele estar en la mente de los inversores en productos como depósitos y cuentas remuneradas, y que el Gobierno también ha tratado en diversas ocasiones. De hecho, y recientemente, el gobierno ha llegado a establecer una limitación real a esos intereses. Sin embargo la presión de los propios ahorradores y de los organismos de competencia parecen haber puesto freno a tal limitación. Al menos por ahora. Descubramos que se esconde detrás de esas limitaciones y que consecuencias tienen para los depositantes.

¿En qué consiste la limitación?

Esta limitación consistía, toda vez que aún no se está aplicando, en establecer un techo en los interés que los diferentes productos de ahorro tales como depósitos, cuentas corrientes o cuentas remuneradas podían pagar a sus inversores. Las limitaciones dependían del plazo temporal al que se establecía cada producto. Para las cuentas remuneradas el interés máximo era del  1,75 % mientras que para los depósitos ese interés variaba desde el 2,25% hasta el 2,75% para inversiones a más de dos años vista.

Esta limitación resultaba tan extraña que incluso dentro de la misma ley se incluían algunas posibilidades que permitían poder esquivar esa limitación. Así, las inversiones inferiores  a 50.000 euros quedaban exentas de esta limitación, y lo mismo ocurría con aquellas entidades extranjeras que operasen en España, ya que la norma solo se aplicaba sobre las entidades españolas. Precisamente este último punto fue uno de los que ha provocado su no aplicación, puesto que alteraba gravemente la situación de competencia y libre mercado en los depósitos.

¿Qué pretendía la limitación?

Como toda norma, esta limitación tenía un objetivo.  Sin embargo, cada analista tiene una idea diferente sobre que es lo que realmente perseguía esta norma.

Algunos analistas afirman que la idea que escondía esta cuestión era la de tratar de evitar un excesivo endeudamiento de la banca, ya que un nivel de tipos de interés elevado puede suponer un excesivo gasto para esas entidades, dentro de esa guerra de captación de capital. Después de haber asistido a diversos rescates bancarios con dinero público resulta razonable que se ponga limite y freno a las entidades nacionales para evitar que aparezcan de nuevo los desequilibrios que hemos visto durante esta crisis.

Otros analistas lo que afirmaban es que esta limitación de intereses tenía por objetivo dejar fuera del mercado  a buena parte de los depósitos y las cuentas bancarias remuneradas, que son competencia directa de las diferentes emisiones de deuda pública por parte del Estado. En una situación en la que el nivel de depósitos por parte de los inversores es reducido, eliminar a una parte de la competencia en el  mercado podía incrementar la demanda de deuda española en detrimento de los productos de ahorro de la banca.

Seguramente no conozcamos la realidad que escondía detrás de esta medida, pero por desgracia seguramente se hayan cumplido esos dos objetivos.

Una limitación falsa con efectos reales

Desde el mismo momento en que salió a la luz la medida han sido muchos los ahorradores que han puesto en el grito en el cielo ante la limitación que esta medida imponía al rendimiento de sus inversiones. Algo que también hizo la patronal bancaria española, ya que la limitación no afectaba a las entidades extranjeras y dejaba el mercado prácticamente en sus manos, por poder establecer los intereses que deseen.

Todo este revuelo acabo por dejar la ley en un cajón. Sin embargo sus efectos si se han notado en el mercado aun cuando no llegó a aprobarse. Y es que las entidades, en un movimiento (quizá previsto por el regulador) al poco tiempo de conocerse la implantación de esta ley, decidieron de facto empezar a ajustar a la baja el nivel de intereses ofrecido por sus diferentes productos. Es complicado estimar cual ha sido el efecto real de esta medida, pero analizando las ofertas del mercado podemos afirmar que esta medida “falsa” ha tenido un efecto real cercano al 0,5% en el rendimiento de los diferentes productos de ahorro ofrecidos en el mercado.

Finalmente parece que la norma no acabará por entrar en vigor. Sobre todo porque no va a hacer falta, una vez que el “amago” gubernamental ha sido suficiente para obtener esa limitación tacita. Como siempre, los perjudicados, los inversores.

Es algo que casi siempre suele estar en la mente de los inversores en productos como depósitos y cuentas remuneradas, y que el Gobierno también ha tratado en diversas ocasiones. De hecho, y recientemente, el gobierno ha llegado a establecer una limitación real a esos intereses. Sin embargo la presión de los propios ahorradores y de los organismos de competencia parecen haber puesto freno a tal limitación. Al menos por ahora. Descubramos que se esconde detrás de esas limitaciones y que consecuencias tienen para los depositantes.

¿En qué consiste la limitación?

Esta limitación consistía, toda vez que aún no se está aplicando, en establecer un techo en los interés que los diferentes productos de ahorro tales como depósitos, cuentas corrientes o cuentas remuneradas podían pagar a sus inversores. Las limitaciones dependían del plazo temporal al que se establecía cada producto. Para las cuentas remuneradas el interés máximo era del  1,75 % mientras que para los depósitos ese interés variaba desde el 2,25% hasta el 2,75% para inversiones a más de dos años vista.

Esta limitación resultaba tan extraña que incluso dentro de la misma ley se incluían algunas posibilidades que permitían poder esquivar esa limitación. Así, las inversiones inferiores  a 50.000 euros quedaban exentas de esta limitación, y lo mismo ocurría con aquellas entidades extranjeras que operasen en España, ya que la norma solo se aplicaba sobre las entidades españolas. Precisamente este último punto fue uno de los que ha provocado su no aplicación, puesto que alteraba gravemente la situación de competencia y libre mercado en los depósitos.

¿Qué pretendía la limitación?

Como toda norma, esta limitación tenía un objetivo.  Sin embargo, cada analista tiene una idea diferente sobre que es lo que realmente perseguía esta norma.

Algunos analistas afirman que la idea que escondía esta cuestión era la de tratar de evitar un excesivo endeudamiento de la banca, ya que un nivel de tipos de interés elevado puede suponer un excesivo gasto para esas entidades, dentro de esa guerra de captación de capital. Después de haber asistido a diversos rescates bancarios con dinero público resulta razonable que se ponga limite y freno a las entidades nacionales para evitar que aparezcan de nuevo los desequilibrios que hemos visto durante esta crisis.

Otros analistas lo que afirmaban es que esta limitación de intereses tenía por objetivo dejar fuera del mercado  a buena parte de los depósitos y las cuentas bancarias remuneradas, que son competencia directa de las diferentes emisiones de deuda pública por parte del Estado. En una situación en la que el nivel de depósitos por parte de los inversores es reducido, eliminar a una parte de la competencia en el  mercado podía incrementar la demanda de deuda española en detrimento de los productos de ahorro de la banca.

Seguramente no conozcamos la realidad que escondía detrás de esta medida, pero por desgracia seguramente se hayan cumplido esos dos objetivos.

Una limitación falsa con efectos reales

Desde el mismo momento en que salió a la luz la medida han sido muchos los ahorradores que han puesto en el grito en el cielo ante la limitación que esta medida imponía al rendimiento de sus inversiones. Algo que también hizo la patronal bancaria española, ya que la limitación no afectaba a las entidades extranjeras y dejaba el mercado prácticamente en sus manos, por poder establecer los intereses que deseen.

Todo este revuelo acabo por dejar la ley en un cajón. Sin embargo sus efectos si se han notado en el mercado aun cuando no llegó a aprobarse. Y es que las entidades, en un movimiento (quizá previsto por el regulador) al poco tiempo de conocerse la implantación de esta ley, decidieron de facto empezar a ajustar a la baja el nivel de intereses ofrecido por sus diferentes productos. Es complicado estimar cual ha sido el efecto real de esta medida, pero analizando las ofertas del mercado podemos afirmar que esta medida “falsa” ha tenido un efecto real cercano al 0,5% en el rendimiento de los diferentes productos de ahorro ofrecidos en el mercado.

Finalmente parece que la norma no acabará por entrar en vigor. Sobre todo porque no va a hacer falta, una vez que el “amago” gubernamental ha sido suficiente para obtener esa limitación tacita. Como siempre, los perjudicados, los inversores.

 

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