Los depósitos garantizados: lobos con piel de cordero

Dentro de la amplia oferta de productos financieros existentes es frecuente que haya muchos productos que se presenten como depósitos a plazo fijo con total seguridad y que, sin embargo, luego no resulten ser tales sino que son fondos de inversión debidamente camuflados, con un nivel de riesgo mucho más elevado que un depósito bancario y que además no están cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos.

Por eso vamos a aprender a reconocer ese tipo de falsos depósitos, que pueden poder en riesgo nuestros ahorros.

Depósitos garantizados. Que son realmente

Aunque se venden  como depósitos realmente no lo son. O al menos no como tradicionalmente los conocemos. Normalmente lo que las entidades comercializan como depósitos garantizados no son más que fondos de inversión garantizados. Estos fondos se componen normalmente  de un elevado porcentaje de renta fija europea o segura (en algunos  casos llega al 90 o 95% del total de la cartera) y una pequeña parte en renta fija de mayor riesgo o bien de productos de renta variable ( generalmente derivados y similares) con los que obtener un punto adicional de rentabilidad.

Por tanto estamos muy lejos de lo que sería un depósito bancario, que además no necesita garantizar ningún tipo de rentabilidad porque la rentabilidad de los depósitos está garantizada por  sí misma en la contratación del depósito correspondiente.

¿Qué riesgos tienen los garantizados?

Frente a los depósitos tradicionales un “deposito” garantizado tiene diversas desventajas que debemos conocer para evitar riesgos

  • Un deposito garantizado como tal es, en realidad, un fondo de inversión de renta fija, que legalmente no está cubierto por el fondo de garantía de depósitos y que por tanto puede llevarnos a perder toda nuestra inversión si la gestora tiene algún tipo de problema económico. También puede ser un producto donde se invierte parte del dinero en derivados, con lo que el riesgo, aunque menor que en el primer caso, sigue siendo elevado.
  • La rentabilidad no está reflejada en contrato ni es tan segura como en el caso de un depósito bancario tradicional. Además esa rentabilidad se ve afectada por un mayor importe de comisiones, típico de los fondos de inversión y de la gestión de derivados frente a los productos de depósito tradicional que apenas suelen tener gastos.
  • Las posibilidades de recuperar nuestro dinero en caso de necesidad son  más reducidas que en un deposito. De hecho en estos fondos es probable que no podamos recuperar nuestro dinero hasta llegar  a la “ventana de liquidez” del fondo y además tengamos que asumir perdidas mucho mayores que en un deposito tradicional.

¿Merece la pena asumir el riesgo?

Realmente no. Recordemos que un mayor interés va ligado siempre  a un mayor riesgo, y para el inversor tradicional en depósitos, cuya aversión al riesgo es total, realmente no le merece la pena asumir los riesgos que implica un fondo de inversión frente a la escasa diferencia de intereses que le ofrece este producto, frente al depósito seguro.

Un análisis al mercado de los fondos garantizado nos muestra rentabilidades que no suelen pasar del 3%. Si analizamos los tipos de interés de los diferentes deposito presentes en el mercado la media ronda el 2,25% al 2%. Considerando la diferencia de comisiones entre productos la diferencia real de intereses apenas llega al 0,5%. Por lo tanto es obvio que estos productos no merecen la pena al inversor seguro típico de los depósitos tradicionales.

Leave a Reply