¿Puede España acabar como Chipre?

Chipre se ha convertido en un caso atípico dentro de la Unión Europea. Es el primer país que va a sufrir un corralito en euros y es el primer país en el que los impositores se van a ver obligados a perder parte de sus ahorros por tal de que la economía del país no se hunda. También es cierto que Chipre no es un país al uso, dado el elevado peso de la banca en su economía y su carácter similar al de un paraíso fiscal debido a sus bajos tipos impositivos. Aun así Chipre ha sido la causa por la que la Troika y la Unión Europea han superado diversas líneas rojas, lo que está  provocando una creciente incertidumbre entre los países con problemas. Veamos si el miedo que en España estamos sintiendo está justificado

Realmente que es Chipre

Más allá de su aspecto turístico y su particular ubicación, es cierto que Chipre no es un país cualquiera, y que su situación actual tiene mucho que ver con diversos factores que, afortunadamente, no se repiten en otros países de la Unión.

Chipre ha sido uno de los últimos países que ha entrado en la Europa del Euro, y tal como ha ocurrido con Grecia, ahora se está comprobando como, con un planteamiento más razonable, quizá no se debería haber aceptado al país dentro de la Unión. Para colmo la crisis griega le ha supuesto a Chipre un fuerte golpe, ya que una de las fundamentales inversiones del país era justamente en deuda griega, que se ha visto extremadamente deteriorada con las quitas y la quiebra de mercado que ha sufrido el país griego.

Chipre además es un país con un sistema fiscal muy particular. Tradicionalmente se ha definido a Chipre como una especie de paraíso fiscal, con un impuesto de sociedades que apenas llega al 12% (en torno a un tercio del tipo impositivo en España) y con ventajas para los depositantes e inversores extranjeros. Esta política fiscal ha atraído a numerosos inversores, especialmente rusos, que ha llevado a que el sistema bancario de Chipre tenga en depósitos en torno a 8 veces el PIB total de todo el país (en España esa cifra ronda el 200%).

Como elemento adicional y precisamente por ser el lavadero de dinero ruso, este país tiene una fuerte presencia en la isla. Algo que, tal vez, haya sido la causa de las duras condiciones impuestas al rescate. Ese rescate va a afectar no tanto  a los tenedores de deuda o a los bonistas, como va a afectar a los depositantes. Esos depositantes, en su mayoría rusos, han estado sacando partido de la fiscalidad favorable de la isla, y ahora que se ha acabado la fiesta, la Troika no está dispuesta a tener que pagar la cuenta.

Se abre la caja de Pandora

El problema clave de las operaciones realizadas por la Troika en Chipre es que se ha hecho todo aquello que pensábamos que nunca se iba a hacer Se va a penalizar a los depositantes por primera vez, se ha impuesto el corralito por primera vez, y hasta la garantía del Fondo de Depósitos europeo se ha puesto en duda, aunque finalmente parece que los depósitos de menos de 100.000 euros van a poder escapar indemnes.

Por si estos fuera poco también se van a liquidar bancos (nada menos que el segundo del país) y según las diferentes informaciones, las quitas de los depositantes van a rondar el 40% del total invertido. Todos estos acontecimientos siembran la duda entre el resto de países con problemas, ya que existe el lógico miedo de  que este “experimento” pueda crear un modelo que posteriormente se aplique en otros países en crisis, como en España.

Chipre no es España

Lo hemos oído muchas veces con diferentes países: “Grecia no es España”, “Irlanda no es España”, “Portugal no es España”. Y ahora la última novedad es “Chipre no es España”. Y es cierto

A diferencia de la economía de Chipre, fundamentada principalmente en el sector bancario, la economía española tiene unos cimientos mucho más sólidos, con una potente industria turística, con una economía tercializada o de servicios, y con una situación de riesgo relativamente controlada, tal como demuestra la mejora de la prima de riesgo a la que hemos asistido en los últimos meses.

Adicionalmente, en el caso de Chipre, no existe esa particularidad que comentábamos en cuanto al carácter de lavadero de dinero o sede de depósitos de la economía rusa principalmente. La inversión extranjera en España tiene objetivos productos, más que especulativos, con presencia diversas en sectores como el turismo o las finanzas, pero que no justificaría, ni generaría demasiado beneficio en caso de una quita como la propuesta.

Finalmente el peso de la economía de Chipre no es el peso de la economía de España. En concreto el PIB de Chipre no es más que el 0,2% del PIB de la zona euro. Si lo ponemos en consonancia con España, que se encuentra entre las diez primeras económicas ya no solo del Euro, sino del mundo, resulta más que evidente la diferencia entre ambas economías. Especialmente en lo que se refiera a la solidez de los fundamentales de la economía española, y de la forma en que esta obtiene sus ingresos y rendimientos, frente a la falta de cimientos sólidos de la economía chipriota más allá de la banca.

Así pues, el hecho de que una situación siquiera similar a la de Chipre se pueda dar en España es algo casi imposible, entre otras cosas porque supondría el fin de la Unión Europea. Pero también es cierto que el miedo de posibles medidas futuras ante problemas existe. Y también es cierto que el incremento de la incertidumbre dentro de la Unión también provocara sufrimiento en los depositantes, por la posible falta de seguridad futura en sus inversiones. Solo el tiempo podrá aliviar tales problemas.

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